miércoles, 3 de octubre de 2018

Barcelona.


Hace poco tiempo  en uno de esos negocios de curiosidades, encontré un regalo fantástico para los viajeros frecuentes. Es una especie de cartulina con los mapas de todo el mundo en blanco, de modo que cada lugar que se visite va señalado o coloreado.  Compré uno y se lo regalé a una amiga que viaja continuamente  y, por supuesto, llevé uno para mí. Cuando comparamos nuestros mapas el mio conservaba aun muchos puntos pálidos  y el de ella un rico multicolorido por todos los  continentes. Por fortuna, y para no morir de la envidia ya en mi poder tenía dos billetes para Barcelona  y un par de lápices de color para rellenar en mi mapa la espléndida ciudad española.

Mi esposo y yo llegamos a Barcelona un lunes de finales de agosto, cuando el agresivo sol de verano ya comienza a dar signos de piedad.  Confieso que no una ni dos veces he escuchado que por la ciudad se mueven ladrones y carteristas buscando presa fácil. Por desgracia pudimos comprobarlo en carne propia.
Después de superado el impase  comenzamos nuestro fantástico giro.  Pudimos haber tomado el bus turístico  que cuesta 30 euros por persona y recorre la ciudad mostrando los lugares  más atractivos, pero dado que los amigos de lo ajeno nos dejaron un buen “roto” en el bolsillo,  nos hicimos a un billete de 10 viajes en transporte público que cuesta 10 euros con 20 centèsimos. Ojo,  es una excelente opción, porque tomar el autobus y pagar el pasaje  al subir, cuesta 2 euros con 20.

Nuestra primera parada fue en la maravillosa Plaza de España. Aunque estábamos armados de mapa en mano,  descubrimos la plaza por casualidad dado que varias lineas de buses terminan allí su recorrido. Incluso un  autobus  circular que viaja entre el aeropuerto y el centro de Barcelona por algo más de 5 euros,  se estaciona justo allí.
La vista en la plaza de España es encantadora desde todos los ángulos.  Nos cruzamos con gente de todo el mundo engrosando  involuntarias filas que se  mueven  como danzando al mismo ritmo absorbidos  por el panorama.  La mezcla de distintos acentos, razas y sonidos callejeros es uno de los condimentos que hace de la ciudad un exquisito plato .

Ya con los ojos de turista abiertos al máximo y   convencidos de  que fuese una plaza de toros,  nos dejamos seducir por  La Arena, una enorme construcción   que justamente  fue,  a inicios del siglo pasado,   el lugar de encuentro taurino de Barcelona.   El externo  se conserva  intacto como debió ser un su época dorada  de la tauromaquia pero en sus entrañas  el ruedo y las tribunas  desaparecieron  para dar paso a un moderno   centro comercial.  Entramos con la esperanza de no ser víctimas del consumismo en el  grande espacio lleno de negocios,  para  subir   a la terraza que rodea toda la parte superior de La Arena curiosos por  descubrir  y fotografiar  la magia de la ciudad desde lo alto,  pero además  porque nos atrajo un imponente monumento  que se  divisa desde la plaza  y que parece un gran templo   por su   gigantesca cúpula semejante a la de la Catedral de San Pedro en el Vaticano.  Es el Museo de Arte de Cataluña.

Nos desplazamos a pie desde la plaza en dirección del monte de Montjuic (es muy cerca), para saciar nuestra curiosidad .  El ingreso ya es por si solo una obra de arte.  Nosotros lo visitamos cerca del medio día  cuando el sol se esconde detrás y deja ver la silueta  detallada  como una perfecta escultura.   Dicen que en la noche la iluminación le da otra espectacular  vista. ¡No lo dudo!   Ya en el interno ,  quedamos  con la boca abierta de ver tantas y tan maravillosas  pinturas y esculturas que muestran el colorido y  la esencia de la  cultura catalana.  Los muros sostienen  la historia que salta entre el período románico, el  renacimiento y  el barroco. Dicho así suena poco convicente, pero  el juego entre las exposiciones y el espectador, aun sin ser experto,   es de una sincronía deliciosa.  Es un buen plan.   La entrada cuesta 12 euros  y da derecho a visitarlo dos veces en el periodo de dos meses.   

Si en vez del arte prefiere el deporte, muy cerca, sobre la misma vía se encuentra el museo olímpico.  La construcción que alojó los Juegos Olímpicos  de  Barcelona en 1992  reposa intacta  para  complacer la vista del visitante. La oportunidad es única. Vale detenerse en medio, cerrar los ojos e imaginar cuántas banderas se alzaron, cuántas camisetas se sudaron y  cuántas lágrimas  rodaron por la oportunidad que pudo haber sido y no fue. Es una zona que para los amantes del deporte y de los hechos históricos produce sensaciones absolutamente románticas. La mezcla de pasión, poder, competencia y  estética cumple la función de retroceder por un momento en los años.

Hablando de deportes, Barcelona cuenta con lo que hace rato  dejó de ser un estadio para convertirse en monumento dedicado al fútbol. El Camp Nou le regaló a los catalanes la oportunidad de ser únicos, de mostrarle al mundo una cultura múltiple y absolutamente rica. Recorrer las inmediaciones es la mejor prueba del poderío. Dentro de la discusión política catalana uno de los puntos más agrestes es la posibilidad de ver una Liga Española sin el FC Barcelona. Claro, la ciudadela del club además del estadio principal tiene un complejo deportivo más que digno, organizado y absolutamente competitivo. Da placer entrar y ver la cantidad de deportistas de diferentes disciplinas identificados con el escudo barcelonista dando un paseo por lo que ellos consideran, su hogar.  

Con las baterias recargadas y las ganas de seguir impregnándonos de la magia española, nos fuimos de caminata por la Rambla.  ¡Que maravilla!  La Rambla  es un bulevar  de  kilómetro y medio  en la que  es imposible no detenerse a comprar, a comer, a beber o simplemente a observar. Arranca en la Plaza de Cataluña, modesta  pero emblemática de la ciudad,  y termina en el antiguo puerto, donde se erige la estatua de Cristobal Colón señalando en dirección del continente americano.  
En la Rambla nada pasa desapercibido y es imposible, al menos para el turista en su primera vez, caminarla de un solo golpe.  Las calles  que allí desembocan invitan a  perderse entre  típicos caseríos medievales que dan su toque historico a la modernidad. En uno de esos callejones nos encontramos con el Mercado de la Boquería. ¡Fantástico! Es uno de esos lugares  de antaño en los  que el apetito se abre despiadadamente.  Los ojos alertan el sentido del gusto entre frutas y verduras de todo tipo , jamones y embutidos típicos, vinos y otros licores, dulces, panes,  conservas, aromas, condimentos, hierbas, carnes, pescados, frutos de mar. Mejor dicho,  hay que preparar el paladar y la mesa para aprovechar al menos una parte de esta magnifica oferta en La Boquería,  uno de los mercados más antiguos de Europa.
Caminando por los mismos callejones nos apareció de frente una grandiosa   basilica de fachada gótica que ha escrito la historia del cristianismo  en Barcelona desde hace algo más de siete siglos.  Es la Catedral de Barcelona y  es  conocida también como Seu o Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia. Justamente en su interior  reposan los restos de la Santa Eulalia quien entregó la vida defendiendo su fe en el cristianismo.  El ingreso tiene costo de 7 euros si el objetivo es una visita turística.
Después de ese baño de sabores, colores y el toque espiritual   dimos un salto al otro extremo.  Imposible sentarse a ver pasar la vida cuando es ella que te toma de la mano, te tira  y te muestra que hay mundos excéntricos que merecen ser al menos contemplados.   
El Paseo de Gracia es uno de ellos. Así se llama  una de las avenidas más famosas  de Barcelona y de la Cataluña  que pasó de ser un simple camino rural a la ostentosa vía  de la burguesía.    Es la calle del shopping de lujo,  la de los coches de gama alta, de los hoteles de cinco estrellas  y también el lugar para soñar despierto mirando y admirando impresionantes  edificaciones que se salen de la realidad. Casa Baltlló, Casa Amatller, Casa Milá y otras más,   son  particulares construcciones que se encuentran a lo largo de la avenida y que fueron diseñadas por arquitectos modernistas del inicio del siglo pasado como Antoni Gaudí .   Lo curioso es que superan  la arquitectura convencional con sus novedosos diseños en formas irregulares y coloridas   y  describen en sus exteriores e interiores   distintas  epocas de la historia.    No por nada, fueron catalogadas como patrimonio de la humanidad.

Este paseo de Gracia nos soprendía a cada paso por  la experiencia visual y sensorial.  Si se le antoja y el bolsillo se lo permite dese un gustico en una de las  tiendas de lujo. Los saldos de final de temporadas suelen ser la oportunidad perfecta.

Ya entrados en confianza con Gaudí, que se respira por todos los rincones de la ciudad, nos fuimos a perseguir otros de sus particulares  diseños. La impresionante catedral de la Sagrada Familia y el park Güell.

El Park Güell es, justamente,  un gran parque que se encuentra en la parte alta de la ciudad.  En realidad es un inmenso  terreno que perteneció a  un rico hacendado español de apellido Güell, en el cual sería construída una exclusiva urbanización   a comienzos del 1900.  Las obras avanzaron como previsto  y  se construyó como modelo   una primera casa diseñada por Gaudí. ¡Espectacular!  
Por desgracia  o por fortuna  el proyecto no tuvo el final esperado   y poco a poco el lugar se convirtió en un escenario público y un referente para turistas y locales.   La casa, que nunca fue habitada,  es una enorme y particular  mansión  colorida y pluriforme cuyos grandes salones y exteriores exhiben la magia de la creatividad de Gaudí.  No hay un milímetro abandonado a la  improvisación.  Vale la pena  detenerse a  contemplar los techos, las figuras decorativas y hasta las bancas de la terraza. 

 Cada elemento  está fabricado  artesanalmente con  materiales en cerámica y vidrio de diversos tipos y colores   y acomodados  cuidadosamente . Una segunda casa de dimensiones mas pequeñas, con las mismas caracteríticas  y no menos espectacular,  fue construída para el  guardia de vigilancia. ìMegalomaníacos!




Sumado a esto  la posición geográfica es otro privilegio. El panorama no es otro que la modernidad de la ciudad apreciada desde lo alto a orillas de un azul mar mediterráneo. ¡Relajante!  La visita a la casa cuesta 8 euros pero antes de entrar conviene dar una vuelta por los jardines exteriores, que entre otras cosas están muy bien conservados,  y no hay que pagar el ingreso.  La naturaleza y la creatividad de Gaudí dejan una maravillosa sensación.

No muy lejos del Park Güell se encuentra la Catedral de la Sagrada Familia, el monumento más famoso de la ciudad.   Es la carta de presentación del famoso Gaudí ante el mundo, como él mismo lo pronosticó cuando a escasos 36 años  se tomó las riendas de la construcción  ya iniciada a  finales del siglo XIX.  No es para menos.  Este símbolo artístico y espiritual  es  imponente por dentro y fuera.    En sus fachadas  figuran    impecablemente  esculturas  a gran escala de  distintos  pasajes de la  Biblia  . Uno de ellos justamente es el nacimiento de Jesús en el pesebre que  simboliza la vida y la felicidad.  Una segunda fachada   describe el dolor y el padecimiento de la muerte del redentor   y  una más  que  se encuentra en construcción y que será el ingreso principal,   encarna   la gloria y el infierno,  la muerte, el fin, el apocalipsis.   Ya son cinco generaciones que han visto tomar forma a la majestuosa construcción  que  tiene previsto ser   terminada en  2026, justo para el aniversario de la muerte  del gran Gaudí. 



Imposible no fotografiarla desde todos los ángulos. Rios de turistas de todo el mundo, sin importar credo ni religión la  recorren, la admiran y perpetuan el recuerdo  en  cada detalle.   Por esta razón es imposible  aventurarse para ingresar sobretodo en las altas temporadas.  Es aconsejable reservar las entradas. Via internet  cuestan alrededor de 15 euros o 18 si se compran en la taquilla.    

El interior de la  basílica es una alianza entre el culto y la naturaleza.  Las naves principales están soportadas  por altos postes que conforman, como lo ideó el arquitecto,   un complejo bosque de piedra.  Los recorridos no tienen límite de tiempo  y vale la pena detallar  minuciosamente  el estilo contemporáneo del cristianismo.  La iglesia aun sin terminar es escenario de misas diarias y de conmemoraciones  especiales. De hecho el Papa emérito Benedicto XVI  celebró una  liturgia de bendición   en 2010  para festejar  los 128 años de la postura de la primera piedra.  

Barcelona, además de todos sus privilegios se encuentra a la orilla del mar  y la playa pùblica no  es pequeña. Si la visita en temporada de primavera o verano, tome el autobus,   meta en el bolso el  vestido de baño y una crema para proteger la piel o para broncearla y bájese en la parada Barceloneta. A unos pocos pasos  el mediterráneo invita a sumergirse.    Si por el contrario hace frio, el mar es siempre un buen amigo.  El paseo marítimo  es enorme y está lleno de lugares para comer, para hacer compras, se realizan conciertos y festivales de música, o simplemente es un sitio  perfecto para saludables caminatas. 

Confieso que la oferta turística de Barcelona  es casi que inagotable y para mi pesar en nuestro mapa turístico de la ciudad quedaron varios lugares sin visitar.  Hay barrios emblemáticos que vale la pena visitar,  también el museo de Picasso,  “Il poble Espanyol” que es el lugar que reúne y describe  en pocos metros  cada una de las regiones de España...mejor dicho mi próximo viaje será Barcelona, segunda parte. !Decidido!


¡Hasta pronto!

 

 




martes, 31 de enero de 2017

LA LONGEVITÀ NON SI TROVA IN PALESTRA


Maria Domenica. Questo è il suo nome. Ha 92 anni, molti di più di quelli che mai avrebbe pensato di avere. Nacque in provincia di Potenza in Basilicata, nel meridione italiano e crebbe in campagna insieme ai suoi nonni, i genitori, due fratelli e tre sorelle. Maria nacque contemporaneamente a delle figure come lo scrittore Italo Calvino ed il famoso regista Franco Zeffirelli.

Non avrei mai potuto scrivere questa storia facendo un'intervista tradizionale, fatta di domande e risposte sparate in sequenza. Io invece mi infilai a poco a poco tra quei ricordi addormentati, scrutinando un bauletto di fatti straordinari che ancora le scorrono senza nessuna pressione.


Da bambina, Maria era una donna vivace e molto sveglia. Non dimentica che lasciò la scuola per andare a lavorare per una famiglia benestante dove svolgeva delle piccole commissioni per pochi soldi, o quando sua nonna tra coccole e rimproveri la istruiva con saggi consigli che ancora oggi, mette in pratica.

Di quel periodo conserva viva l'immagine del nonno che faceva i conti con i fagioli per commerciare le bestie o per pagare gli stipendi.

Negli anni della sua adolescenza Maria fu testimone degli orrori della Seconda Guerra Mondiale. Con sguardo malinconico ricorda come visse quei tragici anni: praticamente nascosta nei campi, quanto più possibile lontano dai bombardieri con la sua famiglia, mangiando soltanto quello che forniva la natura e, perché non dirlo, appoggiando tutto ciò che credevano fosse corretto, cioè gli ordini di Mussolini. Infatti, uno dei suoi fratelli partì per la guerra e non tornò mai più.


Quegli anni che sottomisero il mondo in uno stato di profondo dolore, portarono a Maria il vero amore. Due uomini lottarono per il suo cuore ma lei si decise per Vincenzo, con cui si sposò nel 1942, prima di compiere vent'anni. Di quella unione che durò quasi sette decenni le restano i ricordi più belli e le parole più dolci. L'altro pretendente non era che il suo vicino di casa. Ella lo rifiutò perché era figlio di un uomo che si ubriacava e che aggrediva sua moglie. E Maria non era certo interessata a verificare se il suo corteggiatore avesse ereditato questa cattiva abitudine.

Ella rivendica orgogliosamente di essere stata cresciuta all'antica e che il mondo è cambiato in peggio. Il suo dolce viso si trasforma quando mi assicura con un certo tono di rabbia e gli occhi aperti al massimo che non ha mai indossato i pantaloni e rivendica che solo gli uomini devono indossarli. Tuttavia il timone finanziario della casa lo tenne sempre lei.
Maria non sa cosa significa truccarsi gli occhi o le labbra e neanche ha colorato mai le sue unghie. Nemmeno sa spiegarsi come una donna possa essere capace di camminare con delle scarpe con i tacchi a spillo. Però non può passare più di un mese senza sottomettersi al rituale dei bigodini per arricciare i suoi ribelli capelli lisci, ormai completamente bianchi.


In uno di quei giorni passati assieme continuando ad alimentare i suoi ricordi, lei torna indietro agli anni cinquanta, quando, appena arrivata in Pianura Padana, nel nord Italia, ricevette un brutto tiro da parte del destino. Suo marito che era già da tempo arrivato, aveva trovato un lavoro fisso presso un cantiere ma lo perse. La dita però aveva smarrito anche i suoi documenti d'identità e le marchette, cioè i contributi versati per la pensione. Tra le altre cose questi documenti erano fondamentali per ottenere la residenza. Maria, non si perse d'animo. Senza esitare, con due figli piccoli a cui dare da mangiare, si rimboccò le maniche e si mise a lavorare come mondina. Era un mestiere tipico dell'Italia agli inizi del secolo XX. Ma era molto faticoso perché consisteva nel restare per l'intera giornata tra le coltivazioni di riso, con la schiena incurvata, senza indossare nessun tipo di scarpe e con l'acqua fino alle ginocchia, nell'intento di liberare dell'erbaccia le delicate piante appena coltivate.
Resistette due stagioni e ne uscì a testa alta. Ebbe la sua rivincita contro le difficoltà economiche ma anche contro il rifiuto che sul lavoro ricevette a causa del suo status di immigrata.

La vera “felicità lavorativa” le arrivò tempo dopo quando sue vicine e conoscenti le passarono la voce che una delle grandi aziende tessili della zona erano alla ricerca di personale. Certamente, sebbene non avesse alcuna esperienza, la avventurosa Maria si presentò, superò il colloquio e durante i successivi due decenni visse tra i fili, le macchine da cucire e i tessuti, finché non le arrivò il prezioso giorno del ritiro.


Sono passati più di trent'anni e la sua vita continua come quando era giovane. La mattina si alza presto e prende una tazza di caffè latte con molto zucchero per “accendere i motori”. Poi si perde tra i mestieri di casa.
Nel suo vocabolario non esistono né la pigrizia né la stanchezza. Sebbene abbia dovuto superare, un paio di anni fa, una delicata operazione di ricostruzione del femore della gamba sinistra, la stessa che negli anni dell'infanzia fu morsa da un serpente velenoso. Entrambe situazioni l'hanno portata vicina alla morte anche se in diversi periodi della sua vita, ma che non le hanno mai tolto la vitalità e la voglia di fare.

Una sua giornata normale si svolge tra la cucina e il lavandino. Non è strano trovarla qualche volta tirando via dal forno il pane o la pizza, preparando la pasta in casa con la farina e l'acqua, pulendo il pesce oppure spennando le galline. E non si fa problema di passare dal fornello al lavandino perché conserva ancora la tradizione di fare il bucato a mano. -Si conservano molto meglio i panni-, asserisce lei e io ne sono convinta, mentre leggo nelle sue mani, vittime ormai dell'artrite, e nel suo dolce viso l'inevitabile scorrere degli anni.


Maria percorre ancora le strade di Mortara per andare al mercato, in panetteria, in farmacia o in banca il primo del mese per prelevare i suoi soldini guadagnati con tanta fatica.
Quando arriva il tempo bello si fa delle passeggiate appoggiata ormai al suo bastone, soltanto per darsi bagni di sole oppure per osservare giovani e adulti che vanno in bicicletta come giustamente faceva lei fino a pochi anni fa.
Questa dolce nonnina non va mai a dormire prima della mezzanotte e non perde nessun telegiornale serale. Anzi, le polemiche trasmissioni televisive dove si scontrano politici e giornalistici figurano tra le sue favorite.

Questa storia potrebbe prolungarsi continuando a nuotare tra la acque quiete della sua memoria quasi intatta e potrebbe concludersi con la domanda in fondo quasi obbligatoria per una donna della sua età: come ha fatto a vivere così tanto e a conservarsi in ottime condizioni? Non ho ottenuto la risposta perché nemmeno ho posto la domanda. Capii che l'unico modo per rimanere in vita non è lasciar perdere lo zucchero o uscire tutte le mattine presto per andare a correre, e ancor meno dormire solo le otto ore regolamentari. La cosa migliore per essere in vita è AMARE LA VITA PROPRIO.

Dal Tibet alla Lomellina




Proprio quando il mondo è completamente sconvolto per l'area di guerra che si respira a causa degli assurdi fanatismi religiosi, forse fa bene parlare di chi, oltre alle prediche e ai discorsi vuoti, porta su di sè il vero segno della serenità.

Si chiama JianChub, per lo meno il mondo tibetano lo nomina così, con un nome semplice come lui, come la sua vita. Forse pochi l’hanno visto, quasi nessuno lo conosce ma vive a Mortara, un piccolo paese sulla pianura padana. Non è lui il tipo di persona che bussa le porte cercando di predicare il suo credo, sebbene ha la conoscenza e la capacità di farlo. Nemmeno la sua foto è stata mai pubblicata nelle pagine dei giornali con un’arma in mano cercando di convincere al mondo che la sua devozione sia la corretta.

Questo uomo taciturno, esperto in mandale e di area pacifica, è nato nel Tibet pochi anni dopo la seconda guerra mondiale e giusto quando la Cina entrò per prendersi il controllo del territorio. La sua famiglia fu, come tante altre, testimonio e vittima degli inevitabili abusi che sono avvenuti dopo la invasione.

No sarebbe una assurdità immaginarlo sempre con l’abito di monaco e immerso le giornate intere tra preghiere e litanie, ma sempre lontano da qualsiasi vincolo con il mondo occidentale. Non è così. Sebbene tutte le mattine si alza e prende in qualche modo distanza del mondo terreno a traverso la meditazione, JianChub è un appassionato della tecnologia e fa uso spesso degli strumenti digitali. Di solito è attaccato a un minuscolo computer che lo mantiene vicino al mondo e persino al universo, dato che la sua religione ha un legame molto stretto con gli eventi soprannaturali.

Lui è diventato monaco come lo fissi sua mamma e suo fratello più grande, pure in contro delle regole che impose la rivoluzione culturale e che lasciò più che dolore e sangue nel decennio degli anni sessanta.

L’unico modo per salvarsi da questo disastro, dalle torture e dai lavori forzati e poter continuare a praticare la propria religione, era fuggire. Così fece JianChup insieme a pochi altri monaci. Senza dirlo nemmeno a sua mamma cominciò un lungo percorso a piedi attraverso le montagne Himalayane senza soldi, con poco cibo e senza documenti per paura di essere arrestato oppure torturato. D’altro canto in Tibet i registri di nascita non esistono ancora adesso.

Dopo 30 giorni di traversata arrivò al confine tra il Tibet e il Nepal e per la sua fortuna una luce di speranza si è accesa nel suo intorno al trovare l’ufficio di protezione per gli scapati. Lui è rimasto felicissimo. La desiderata libertà cominciava ad affacciarsi con un timido sorriso e la sua prima richiesta fu subito concessa. Un registro di nascita e il passaporto che lo individuava come cittadino nepalese gli è ristabilito le speranze di continuare ancora il suo percorso , di momento. Dopodiché si è trasferito temporaneamente in India dada la vicinanza geografica e anche per ricominciare la sua vita religiosa in un monastero.

Evidentemente il suo nuovo status non era una garanzia per muoversi tranquillamente per il mondo in attesa di tornare in qualsiasi momento a casa sua. È accaduto, ad esempio, che un giovane monaco al rientro in Nepal dall’Inghilterra, dove aveva tenuto diverse conferenze, sia stato arrestato per un periodo di dieci giorni, senza nessuna accusa intanto le autorità britanniche mettevano in chiaro che la sua missione religiosa non era di nessun modo un rischio contro la sicurezza nazionale.

Dopo alcuni anni è venuto in Italia al seguito di un famoso Lama che presiede una associazione internazionale di pace e che ha vari centri. Così cominciò il suo lavoro di Monaco facendo mandala artistici e cerimonie religiose. JianChup riuscì ad inserirsi così bene alla cultura italiana che imparò la lingua, insegnò pure la sua e persino si avvicinò all'arte italiano che divenne senza nemmeno proporselo una delle sue passioni.

Insieme a questo Lama cominciò a girare diversi centri buddhisti in Europa e in Asia, ma non poteva ritornare in Tibet a rivedere in suoi cari avendo un passaporto nepalese perché sarebbe stato arrestato in quanto tra Cina e Nepal ci sono particolari accordi.

Sono passati più di tre decenni dalla sua fuga, tempi in cui lui è riuscito ad ottenere la cittadinanza italiana eppure tornare nel Tibet per rivedere la sua famiglia, ma purtroppo il padre e molti dei suoi cari amici erano morti mentre lui era in esilio. Ritrovare i suoi parenti e la sua città, oltre che meraviglioso è stato un viaggio nel tempo, ma questa volta con il sorriso di chi può vivere più che sereno.


martes, 24 de noviembre de 2015

De las cenizas que dejó Armero




Quièn se iba a imaginar que una cosa así podría sucedernos”, dice Ricardo Tovar con los ojos aguados y la voz entrecortada antes de empezar a contarme la historia de la tragedia que vivió hace 30 años, cuando su natal Armero desapareció del mapa llevándose consigo a sus seres queridos. 
 


Ricardo tenia 17 años y vivía desde hacia tres con su hermano mayor en Ibagué donde también estudiaba, pero ya había tomado la decisión de volver a Armero a terminar el bachillerato. La razón era muy simple. Quería regresar al lado de su mamá que se desempeñaba como maestra de escuela y a quien profesaba un amor infinito. 
 


La tragedia sucedió el miércoles 13 de noviembre de 1985  en horas de la noche, producida por la actividad volcánica del nevado del Ruiz. El lunes anterior, 11 de noviembre, festivo en Colombia, su mamá fue a visitarlo a  Ibagué y aprovechando la comodidad del desplazarse en automóvil se llevó las cosas de Ricardo para ir acomodándolas en la casa de Armero, a la espera de que él presentara su último examen del colegio el viernes 15. 
“El sábado, si Dios quiere, lo espero en la casa”, le dijo la mamá y partió. Esa fue la última vez que la vio, que la escuchó, que pudo darle un beso.


El miércoles en la noche, Ricardo recuerda a Andrés Pastrana en el noticiero TV Hoy, anticipando lo que se estaba viviendo en inmediaciones de Armero. Ricardo llamó insistentemente a su mamà, a su tía, a sus amigos, sin obtener respuesta alguna. Cerca de la media noche él y su hermano, tratando de entretener los pensamientos llenos de angustia, se encaminaron hacia Armero. Tomaron un bus intermunicipal, luego, interrumpidos por bloqueos que derivaban de la avalancha, caminaron un par de horas hasta que lograron llegar a Lérida, la población mas cercana de Armero, buscando alguna noticia. Nadie sabia todavía nada. 
 


El tiempo que restaba de noche fue eterno. Nadie pudo conciliar el sueño esperando los primeros rayos del sol para emprender la búsqueda. El trayecto fue largo y lleno de tropiezos hasta que se encontraron con la horrorosa escena que los hizo entender la magnitud de la tragedia. Armero estaba convertida en un inmenso desierto de fango que amenazaba con devorar lo que se atravesara. Sus miradas llenas de escepticismo se encontraron con escombros de casas y construcciones, residuos de cultivos arrasados,  restos humanos rodando sin dirección alguna y lo que parecía increíble: sobrevivientes clamando ayuda.


 
En otro punto Piedad, la hermana menor de Ricardo estaba viviendo su propia pesadilla. Sus más recientes recuerdos estaban en las manos de su madre que la sacó bruscamente de su cama advirtiéndola de la avalancha que se avecinaba. Ella saltó  de entre las sábanas y su mente se le nubló completamente. No vio mas a su mamá, como tampoco a sus otros hermanos ni a nadie conocido. Cuando volvió en si, estaba con el lodo hasta el cuello, bajo un manto de oscuridad y sin saber si aún nadaba en sus propios sueños. Así permaneció toda la noche. Solo la luz del amanecer la sacó de una especie de catatonia y la obligó a desplazarse en dirección de una colina donde alcanzaba a ver helicópteros que partían y aterrizaban. Dos días estuvo tratando de avanzar entre un fango caliente y profundo del cual se desprendía un espantoso olor a azufre y claramente a su paso encontraba otras gentes en sus mismas condiciones: tratando de ganarle la partida a la muerte.


La noticia de su salvacion llegó a los oídos de Ricardo y sus allegados. La felicidad sin embargo heló los corazones. A ese punto entendieron que la avalancha había entrado también a casa y las esperanzas de volver a ver a alguien más con vida eran mínimas. 
 


Ricardo encontró a su hermana confundida entre cientos de sobrevivientes en una de las bodegas adaptadas por los socorristas. Solo lágrimas acompañaron el encuentro. Un abrazo hubiera sido letal. Ella estaba al borde de la muerte. Su cuerpo presentaba quemaduras casi en su totalidad causadas por la lava volcánica y el tiempo que corría velozmente amenazaba con una fatalidad. Parecía el fin del mundo. No hubo un instante de paz.
 


Los escasos 15 años de Piedad no fueron pocos para la lucha que le esperaba todavía. Ricardo se convirtió en su sombra. Nadie supo como logró colarse en el helicóptero que la transportó a la ciudad de Cali para curarle sus heridas. Pasó noches enteras en los pasillos del hospital viviendo minuto a minuto los pormenores de su recuperación, pero siempre con ojos y oídos atentos ante la esperanza de encontrar a su madre y hermanos entre los sobrevivientes. Alguien le aseguró haber visto a uno de ellos socorriendo a otros heridos en uno de los puntos de rescate. Nunca se supo nada más.
 


Pasaron días y después meses. Piedad logró vencer a la muerte luego de una larga agonía. Se repuso de sus heridas físicas y sicológicas, y su vida continuó normalmente tratando de evitar esos tristes  recuerdos en páginas de olvido.

 
Ricardo sepultó las esperanzas de encontrar a su madre en ese espeso fango que los separó. Las lágrimas fueron inútiles y la espera interminable. Los días con sus noches nunca volvieron a ser iguales. Tal vez por eso un día, el menos pensado, decidió empacar maletas y darle un completo giro a su vida.

 
Ricardo renació hace más de una década en Italia donde hoy en día vive y trabaja, pero no pasa una sola jornada en que su madre no se pase por sus recuerdos, esos de la infancia, de la adolescencia. Esos que se quedaron en la tierra que el mismo Papa Juan Pablo II en su sentida visita en julio de 1986,  declaró un “camposanto”.







martes, 8 de septiembre de 2015

Humanos en Extinción

Los ojos del mundo están puestos en el pobre angelito que fue arrojado por las aguas del océano en una playa turca. Todos estamos conmovidos y aterrorizados.
Hace un par de semanas ocurrió una tragedia similar. Una familia egipcia que tenía como objetivo llegar a Alemania para curar de una penosa enfermedad a la menor de cinco hijas, corrió la misma suerte cuando se embarcó en una nave ilegal. Los "comandantes" de estas embarcaciones que no son más que traficantes de personas, sin el más mínimo asomo de solidaridad, botaron al mar una bolsa con las medicinas. La niña murió durante el trayecto y el padre no tuvo más remedio que arrojar el cuerpo sin vida al agua y continuar el camino con su esposa y las otras cuatro niñas.
Por el lado latinoamericano ni hablar. El éxodo de colombianos expulsados de Venezuela por capricho del gobierno chavista, es otra pantomima más de la larga lista
Historias para llenar páginas de libros y para lucrarse con producciones cinematográficas hay miles, como miles de aterrorizados refugiados que lo arriesgan todo con tal de salvar sus pellejos.
Ahora viene la otra parte.
En la isla de Sicilia en Italia, una pareja de ancianos fue brutalmente asesinada en su propia casa. Aparentemente la anciana fue, además, abusada sexualmente por su verdugo. De acuerdo con las investigaciones, el criminal es un joven de 18 años, africano, habitante de un centro de refugiados cercano a la casa de los ancianos que llegó hace poco a Italia en una de las embarcaciones clandestinas que arrecian todos los días en las costas europeas.
A este punto la raza humana debería estar en peligro de extinción.
Aquí no hay Unicef, Onu o Cruz Roja Internacional que valga. Los derechos humanos se quedaron en las páginas de los libros de decretos o giran como veletas por los buscadores de la red.
El mundo está enfermo, asfixiado, contaminado.
Nos estamos matando simplemente porque no nos soportamos.

jueves, 28 de mayo de 2015

MARIA DOMENICA




María Doménica. Así se llama ella. Tiene 92 años, muchos más de los que imaginó llegar a tener. Nació en Basilicata, una región al sur de Italia y creció en el campo, al lado de sus abuelos, sus padres y cinco hermanos más. Marìa nació contemporáneamente a figuras como el escritor italiano  Italo Calvino, la famosa Maria Callas y nuestro Ramón Valdez "Don Ramón".


Para escribir esta historia era imposible realizar una entrevista normal disparando preguntas y esperando respuestas. Fue mas fácil colarme entre esos recuerdos dormidos y escudriñar un baúl de hechos extraordinarios que todavía fluyen sin ninguna presión.



De niǹa, dice que era bastante inquieta y despierta. No olvida cuando abandonó la escuela para dedicarse a trabajar haciendo mandados a una familia rica por unas pocas liras, o cuando su abuela la sentaba en el regazo para instruirla con sabios consejos que aun hoy pone en practica.
De aquella época también conserva viva la imagen de su abuelo analfabeta haciendo cuentas con frijoles para pagar jornales y comercializar bestias.

En sus aǹos de adolescencia María fue testigo de la Segunda Guerra Mundial. Recuerda que vivió los años más trágicos prácticamente escondida en campos lejanos de los bombardeos con su familia, comiendo lo que la naturaleza les proveía y, porqué no decirlo, apoyando lo que ellos creían correcto, las órdenes de Mussolini. De hecho uno de sus hermanos partió para combatir en la guerra y nunca más regresó.


Esos años que sumieron al mundo en un profundo dolor, le trajeron a Marìa el amor verdadero. Dos hombres se pelearon su corazón pero ella se decidió por Vincenzo con quien se casó en 1942, antes de cumplir los 20 años. De esa unión que duro casi siete décadas solo le quedan los términos mas dulces y los recuerdos mas gratos. El otro pretendiente era su vecino de casa a quien rechazó porque su padre se embriagaba y agredía a la mujer. María no estaba interesada en comprobar si èl, había heredado esta mala costumbre.



Ella reconoce que fue criada a la antigua y que el mundo ha cambiado para mal. Me asegura con las cejas arqueadas casi enojada que jamas ha endosado un pantalón, que para eso su marido los usaba. En teoría, porque en la práctica , el timón financiero de la casa siempre lo condujo ella.
No sabe lo que es tener los ojos o los labios maquillados ni esmalte en las unas y no se explica como se puede caminar con zapatos de tacón y plataforma, pero no pasa mas de un mes sin someterse al ritual de los "bigudies" para enroscar sus rebeldes y odiados cabellos lisos que hoy, por supuesto, son completamente blancos.

Un día de esos en que continuamos alimentando sus recuerdos, ella se devuelve a los aǹos cincuenta cuando, recién llegados a la llanura padana al norte de Italia, su marido, por circunstancias del destino, perdió documentos y trabajo. 
Sin pensarlo dos veces, Marìa, con dos hijos que alimentar, se le midió a trabajar como “Mondariso”, una labor completamente fatigosa y típica de principios del siglo XX en Italia, que consistía en estar la entera jornada entre los cultivos de arroz, con la espalda inclinada, sin calzado alguno y con el agua hasta las rodillas, con el objeto de liberar de la maleza las delicadas y recién cultivadas semillas del cereal. Dos temporadas resistió y salió victoriosa pese al rechazo inicial por su prácticamente “condición de inmigrante”.



La verdadera felicidad laboral le llego tiempo después cuando la voz que corría entre sus vecinas y conocidas era que una de las grandes industrias textiles de la zona estaba en busca de personal. Obviamente sin ninguna experiencia se presentó, fue aceptada y durante las siguientes dos décadas vivió entre hilos, maquinas de coser y telas, hasta que logro el precioso día de la jubilación.


De esto hace ya más de treinta anos y su vida sigue como en la juventud. La mañana se levanta y toma una taza de café con leche muy azucarado como para encender motores y luego se pierde entre tareas de casa.
En su vocabulario no existen la pereza ni el cansancio aun después de haber soportado, hace un par de aǹos, una delicada operación de reconstrucción del fémur de su pierna izquierda. La misma que fue mordida por una serpiente en la infancia. Ambas situaciones la tuvieron al borde de la muerte en distintos periodos de su vida.


Una jornada  normal transcurre entre la cocina y el lavadero. No es raro encontrarla un día horneando pan o pizza, preparándose la pasta en casa con harina y agua, limpiando pescados o desplumando pollos, y no tiene reparo en pasar de la estufa al lavadero porque aun mantiene la tradición de lavar a mano. - Se conserva mejor la ropa- me dice ella y yo le creo, mientras leo en sus manos, víctimas del reumatismo, y en su dulce mirada el inevitable paso de los aǹos.


Marìa aun recorre las calles de la ciudad donde vive para ir a la farmacia, al mercado, a la panadería o al templo a elevar una plegaria a la virgen. En ocasiones, cuando el clima es favorable, simplemente va a pasear en compañía de su bastón para darse baños de sol contemplando jóvenes y adultos que ruedan en sus bicicletas como lo hacia ella hasta hace unos pocos anos.


Esta dulce abuela de tres nietos nunca se va a dormir antes de la media noche y no se pierde ninguna emisión de noticias en televisión. Por el contrario, es fiel a los programas de opinión, típicos en Italia, y está al tanto de lo que sucede en la altas esferas de la política.


Esta historia podría prolongarse y continuaríamos nadando entre las aguas quietas de su memoria casi intacta, o podría terminarla con la pregunta casi que obligada para una persona de su edad. ¿Cómo ha hecho para vivir tanto y conservarse en óptimas condiciones? No hay respuesta porque no hubo pregunta.


Entendí que el único modo para estar vivo no está en  dejar el azúcar, ni salir a correr en las mañanas o dormir las ocho horas reglamentarias. El secreto está en AMAR LA VIDA.